martes, 31 de marzo de 2009

An Ever


AN EVER

Y no fue solo un amanecer,

ni tampoco una despedida,

un reencuentro raro,

con matices y alegrías.

Un momento,

un intento,

confesiones,

nuevas y viejas.

Y como la luz que vi acariciar

el frío antártico

tus mimos no son del ártico,

más bien provienen del infierno.

Que a cualquiera dejan enfermo

de deseo natural,

que nunca se puede callar,

entre gritos casi llantos,

aunque luego me levanto y me vuelvo a cambiar,

para luego recomenzar lo que termine hace un rato.

Y sin embargo cuando parto,

te vuelvo a extrañar.

Más no se calificar este nuevo sentimiento,

que a veces me miento para no volverme a lastimar.

Y a esa mirada llorosa,

y ese abrazo fraterno,

me aferro y me duermo,

para luego vagar,

en la sombra de mi mundo,

que no quiere dejar.