de
alegrías y tristezas.
Compañera
en las noches,
las
auroras.
La
simpleza de no estar,
estando
presente,
sin
que pase nada;
La
pintura de tu alma,
desdibujada
por el aura;
del
suspiro de la noche,
como
brisa sin reproches.
Y
las tardes de domingo,
llenas
de parques y paseos,
evaden
como reos a la soledad.
Compañera
de momentos,
imposibles
de borrar;
reina
que a la soledad pudo desterrar.
y
parada en el andén,
supo
esperar,
ese
tren de la vida que para siempre en su estación va a quedar.

